
Al amanecer lloran las almas
Mientras tú amaneces en otra esfera
Y algún día vuelvas a reencarnar en otro ser

Las estrellas quedan prisioneras
En lo profundo de el mar
El karma de ti se hace cada vez mas intenso
Y caudal del camino más estrecho
Poco entre humanos nos entendemos
Esclarezco la pegunta de un testigo
Venino en encimas de cordura estoy
Pregunta en una respuesta singular
En mil pardas en cada universo
Y estilo de firmamento o vía Láctea
Estas tu…preguntas algo
Te respondo con acertijos
Mientras el mar juega… la luna cuenta historias
El cazador acecha, el mago persiste
Y el trío persiste en ser lo que son

Sexo placer orgasmos
Penetración a un animal mas
Flujos de líquido blanco que pasa por tu boca
Órganos de sensaciones descriptivas
En los pensamientos de una mujer como tu
Me ensucio en la poesía de morbosidad
Escupes mediciones mientras te miro
Desde mi propio perfil
Animal tu, inconsciente yo? ….. uf que vida
Sigamos asiendo sexo para olvidar quien eres
E yo quien soy!!!
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.
¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!
Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.
¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!
¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.
El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.
¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...
¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .
Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,
crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín