
Dinastía de oscuridad
Eres, profecía manipulada
Mientras seres impuros
Intimen rumores para
Alternar tu llegada y así
Nulificar nuestras vidas

Pintora española de estilo FIGURATIVO.
Lucia Condes Pizarro estudio en la Escuela de Bellas Artes de Alcoy.
Discipula de los maestros Emilio y Castañer, Condes Pizarro, ha conseguido dominar la tecnica del dibujo, tal y como queda plasmado en las figuras de sus obras.
Al anochecer de mis pesares
Diriges mi vida murmurando
Riendas sueltas a la misma
Yacimientos de creencias
Al intento de darme la libertad
Narcisista que no necesito
Instalas un chip para así
Ser libre por el espacio
Pienso mil ideas sicodélicas
mientras mi espera se vistió
de sombra y aguardo serena
tocando una sinfonía misteriosa
Tu lees un escrito despacio
Y murmuras desolación tristezas
Salgo de mi superficie danzas
con migo para dormir hasta tu muerte
sales De tu cuerpo carnal, perfecto
para introducirte con migo en lo
mas profundo y oscuro lírico de un bosque
Eres etherial de mil teorías
te embarcas en un murciélago rumbo
a lo desconocido, mientras yo! Estoy
en mi lucha condena de dolor depresión
por ti… eres mi melancolía existencial
por que estoy ligado a ti

Chócame contra tu pecho
Para poder sentirte, adsórbeme
Con tus sentidos para no salir de tu mente
Embrújame con tu piel por que así estaré segado
Por ti, para que me sirve entender las lenguas de los ángeles
Y humanos si no tengo tu amor… para que tener las riquezas
Si eres todo lo que quiero tener. Para mi eres teoría echa realidad
Mientras caminare pensado en cuanto me encantas la vida
En la mística de la mirada tranquila y brumadora
Si… eres tú así eres tú
Caminare, caminare para orar con en tu fe
Pensare en tu cuerpo para estar en el firmamento
Respirare tu aroma celestial para poder levitar
Eres tu así eres tu
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.
¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!
Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.
¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!
¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.
El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.
¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...
¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .
Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,
crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín