me enamoro al verte
me enamoras al conversar
contigo,… me enamoras
con tu poder de seducción
si me enamoraras con ser
Simplemente tú… enigmática
Fugas niña mujer, me enamoraras



Rostro arquitectura perfecta
lineados en trazos tridimensionales
pómulos montañas trigueñas gobernadas
por tu mirada oscura y tímida
Tus labios, el puerto pacífico donde
mi barca reposa y murmura
con los mares de tu boca
Camino por tu piel, tierra fértil, pura
germinada por el velo negro
de oscuros matices brotados
por tu piel
Días noches turbias transito
con mi barca, cuando tu mirada se nubla
de llantos pesares y tristezas
me detengo, oigo la voz de tu conciencia
la señal perfecta para no de caer
en la lucha por llegar a el paraíso
Tejes con tus manos una obra
un sonido mil sentidos , verdades
por cumplir, usuro la belleza natural
de tu universo
gracias por existir
Eres todo un dios
Júrame que ni la muerte
tus ojos los serraras
júrame que será pleno el querer
de tu corazón
júrame que estarás con migo
levitando por el espacio más tranquilo y puro
júrame… júrame
Porque yo te juro que me perderé
en la paz de tus ojos
me perderé en ti en un sueño nóstico
y despertare a tu lado para escucharte
arrullarte y quererte… sareth

Mujer eres el ocaso perfecto
para la llegada de la noche oscura limpia
mirada enigmática indescifrable
para los dioses del Olimpo.
Mutas en matices de la naturaleza
te envuelves en la noche brumosa
y sutil de tu cuerpo sensual
mientras mi ser sediento de amor
Esta por ti.
Miro en mi interior, pienso
que la esencia de el ser es lo que falta
para ser libres si… libres tú con el fuego de ares
mientras mi alma mortal y frívola grita
por una unión divina mística.
Mi mente se sumerge en el oasis
de tu piel canela fresca y dulce
caña de azúcar purificada
por manantiales brotando
el aromo de chiquilla seductora
soy un caníbal impotente
por no saborear el néctar de tus labios
por tu necedad de no amar
ven únete a lo que siento por ti
y déjame ser el poeta que te seduzca
como ningún otro lo echo
déjate querer como una nena
por primera ves
si ven y experimenta un mundo sub real y sin precedentes
ven si ven

Miro el universo imponente
en una noche silenciosa y tranquila
siento como mi espíritu se mimetiza
con las estrellas
Siento como tú fantasma murmura
la belleza de un día oscuro nubloso
siento la sencillez del paso y pasó
de la briza cantándome melodías sicodélicas
y lindas… si lindas
Esas lindas melodías que una noche como
hoy las engendra para un ser humano como
yo… quizás como tu
Ven déjame ver tu alma pura y desnuda de todo
suciedad sideral
Ven sea escrito una historia marcada por una noche
linda pura mística con furia de respecto
Ven si ven
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.
¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!
Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.
¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!
¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.
El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.
¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...
¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .
Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,
crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.
En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín